La estrella de oriente

Siempre que se habla de la fiesta de la Epifanía, pensamos en los Reyes magos y seguro viene a  nosotros recuerdos maravillosos de nuestra niñez.   En Puerto Rico, que es donde nací y crecí la noche

antes del seis de enero, yo y mi hermano  junto a los vecinos salíamos a buscar la mejor grama (yerba) que hubiera en el patio de la casa y la colocábamos en unas cajas de zapato y la poníamos de bajo de la cama, pues esa grama se la comerían los camellos y en cambio nos dejarían regalos.  Era una tradición muy hermosa que nos llenaba de mucha esperanza.   Yo y mi hermano nos poníamos a mirar al cielo a ver si había una estrella grande, y creíamos que la estrella que había guiado a los Reyes hasta donde estaba Jesús, esa misma estrella les indicaba como llegar a la casa de cada niño que les esperaba.  A mí, me costaba quedarme dormida por las ansias de llegara rápido la mañana para ver lo que me habían traído los Reyes Magos.

Para nosotros de niños lo importante eran los Reyes magos.  Pero aquel niño y niña crecieron y ahora sabemos que en esta fiesta lo importante de los Reyes, es que ellos adoraron al niño Dios porque Jesús se manifestó a la humanidad, el mesías había nacido.  Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, reconocemos como epifanías tres eventos:   Su Epifanía ante los Reyes Magos.  Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán.   Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.  La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera.

La celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.

El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que “lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis” (Mt. 25, 40); a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién nacido.

Aprovechando la oportunidad de esta fiesta deseo que en este nuevo año que ha comenzado, al igual que los Reyes Magos déjate guiar por la estrella, pero esa estrella sea Jesús mismo que se ha manifestado de muchas maneras…..que la misma ilusión que teníamos de niños la volvamos a tener para anhelar algún día alcanzar el gran regalo que Cristo nos a traído…. abrirnos las puertas a la vida eterna.  Feliz fiesta de la epifanía y un año lleno de bendiciones.

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare

María e Isabel, al servicio de la esperanza!

A pocos días de la celebración de la Navidad, la Virgen, es una puerta abierta a la esperanza. Por Ella, Cristo, aparecerá como la mejor lluvia desprendida de los mismos cielos. La Virgen María, al final de este tiempo de adviento, es un servicio a la espera de tantos hombres y mujeres que deseamos confiar e ir al encuentro de Dios como Ella mismo confió y se lanzó. ¡Qué buena intuición tuvieron Isabel y Juan!

Una, al recibirla en su casa, proclama mil bondades de Dios, piropea a la humilde nazarena y, el otro (aquel que gemía en el interior de

Isabel) brinca de gozo en su vientre. Reconocieron a la Madre del Señor. Las obras que, el Señor, había realizado en aquella que se dignaba visitar a su pariente. ¡Dichoso y bienaventurado reconocimiento!

María, la mujer creyente también nos visita en estos días a nosotros.

¿Danzan por deleite nuestras entrañas ante lo que vamos a celebrar en estos días?

María, la mujer que aguarda, se sitúa en camino, nada le detiene. ¿Qué nos paraliza y nos impide vivir con profundidad y religiosidad estos días de la Navidad?

María, llena de Dios, ayuda a los que se encuentran en la misma condición que Ella. Lejos de cerrarse en sí misma, disfruta abriéndose y siendo generosa con su prima Isabel. ¿Quién necesita, ante estas jornadas santas de la Navidad, una palabra de nuestros labios; un gesto fraterno de nuestras manos o una sonrisa sincera de nuestro rostro? ¿Somos conscientes que, sin caridad, no es auténtica nuestra navidad? ¿Caemos en la cuenta que, una navidad sin apertura hacia los más débiles o tristes, corre el peligro de quedarse en simple vanidad?

Esperar con María al Nacimiento del Redentor, implica el ser pregoneros del mucho amor que Dios nos tiene. Conlleva ser altavoces de su presencia en una sociedad en la que, los ruidos y las luces, nos impiden escuchar y ver la huella de Dios en tantos momentos de la Navidad.  ¡Vaya par de mujeres al servicio de la esperanza! Que, también nosotros, sepamos impregnarnos un poco de este testimonio vivo y valiente de María y de Isabel. Que lejos de ser tibios en nuestras expresiones religiosas, en nuestras manifestaciones cristianas, hagamos creíble el mensaje de salvación acogiéndolo y dándolo a conocer. ¡Benditos seamos, si así somos y lo hacemos! ¡Gracias, María!

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare

Necesidad de Conversión

La primera lectura de hoy es un cantico fantástico para cantar la

verdadera alegría del que cree en Dios.  del que cree en Dios.   El

profeta describe en el capitulo tercero la tristeza de un pueblo que ha caído en el pecado y ha sido deportado al destierro y humillado, pero no pierde su optimismo.  Y comprende que es  castigo de Dios lo que esta sufriendo y le pide perdón a Dios y se convierte.  Hay en esta conversión una promesa de salvación cuando el profeta anuncia el

gran día del Señor.   El camino por donde podemos adquirir esa alegre

liberación que debe disfrutar  ya todo cristiano no es otro que la conversión.  Conversión hacia Dios Que hacemos?, le preguntaba la

gente a Juan  Bautista.   El contesto: “El que tenga dos túnicas, que

se las reparta con el que no tiene y el que tenga comida, haga lo

mismo”.   Se  acercan de todos los ambientes y Juan a nadie rechaza, y

así iba señalando a cada categoría sus propios deberes, la conversión.

Al hombre que de veras quería convertirse le llevaba a las aguas del Jordán y le bautizaba.  Era un signo de purificación pero que expresaba una actitud interior.  Si un hombre no quería dejar sus

malos caminos no podía bautizarse.   Juan llamaba a todos y les exigía

un compromiso personal de justicia.  Solo tiene que purificarse un hombre cuando se arrepiente y busca los caminos de la justicia.

 

Hoy día la mayoría de nosotros no quiere convertirse, quiere seguir la vida que están llevando y desgraciadamente, las personas que participan de la Iglesia mas a menudo caen muchas veces en un adormecimiento y ya piensan que no hay nada que tienen que cambiar, piensan que no necesitan convertirse, pero están muy lejos de la

realidad.   Todos necesitamos convertirnos, todos los días; tenemos

actitudes que delatan nuestra falta de conversión.  Faltamos a la caridad pero no lo vemos, solo vemos cuando es el otro quien comente

una falta.    Y a todos nos urge la conversión.

 

La conversión nos lleva a compartir.  La Iglesia promueve la

solidaridad con el otro, tu prójimo.   Dios quiere que compartamos el

bien que ha dado para todos.  La conversión será duradera y profunda si somos capaces de criticar nuestra falsa manera de contemplar el mundo y los hombres.  Una característica de la conversión de Juan es que no solo es personal sino que va buscando una renovación social.

 

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare

!Navidad sin Adviento!

!Navidad sin Adviento!

Desde el famoso “viernes negro”, la mayoría de las personas comienzan como desesperados esperando tener un dinerito, o a que llegue el fin de semana para irse de compras.   Pasan horas en filas interminables en fin en un sin sentido que sin darse cuenta les va robando el sentido de la Navidad, la alegría, y peor aún…… la vida.

Llega la Navidad y no han tenido un adviento.    No han estado en espera y preparación para conmemorar la llegada al mundo del momento más importante e impactante para la humanidad.  El salvador del mundo llega para salvar la vida del pecador, para dar sentido a nuestras vidas para abrirnos las puertas del cielo, para concedernos la vida eterna.   Esta grandeza no la podemos comprar, se nos ha dado gratuitamente, pero la podemos perder, en las distracciones de este mundo, que solo nos llevan a ser cada día mas egoístas, a desear la fama, el poder, la gloria pero la gloria de este mundo que es perecedera y puede ser la puerta ancha para perder la gloria eterna.

En este adviento, busca las cosas que te darán la vida, el gozo verdadero.  Medita en los evangelios desde el anuncio del ángel a María hasta el nacimiento de Jesús.   Ora mas a menudo, ora con tu familia, participa de las actividades parroquiales te harán mucho bien.    Procura no distraerte tanto en las cosas temporales; ir de compras no es que este mal, pero si lo haces en exceso y lo pones como una prioridad llegara el tiempo de Navidad sin que hayas tenido un Adviento, y esta Navidad se convertirá para ti en una fiesta mas del año y no en la grandeza que ha traído al mundo.   Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido tentados por el consumismo, pero en este Adviento se fuerte, vive la alegría del recién nacido, que se abandona y se confía en los brazos de su madre.  En este adviento vívelo en unión con la Virgen y pide que interceda por ti y tu familia para que tengas un adviento lleno de gracia.

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare

A la Espera con María!

A la Espera con María!

María estuvo a la espera de su hijo, con Ella, nos disponemos a recordar agradecidos la primera venida del Señor, su nacimiento en Belén. Con Ella, nos preparamos para la segunda venida del Señor que volverá triunfante para juzgar a vivos y muertos.  Les exhortamos a rezar el rosario a diario, a vivir este tiempo como la espera de María.

El Adviento del pueblo escogido:  (Jeremías 33, 14-16)   El profeta

Jeremías orienta el adviento del pueblo escogido hacia la venida del Mesías. Es un pueblo derrotado y humillado por la destrucción de Jerusalén. El oráculo del Profeta levanta los corazones y los abre a la esperanza de la salvación.

Nuestro Adviento: Se trata del cumplimiento de la promesa del Señor: la nueva y definitiva alianza que se realizará en la sangre de Cristo. Cristo será el vástago legítimo(de David), que hará justicia y derecho en la tierra en el sentido salvífico de la expresión bíblica.

La primera invitación del Adviento es prepararnos para recordar agradecidos el acontecimiento más grande de la historia. El oráculo del Profeta se ha cumplido. ¡Cristo ha nacido en Belén!.  Nuestra adoración ha de ser más intensa, si cabe, para adorar y dar gracias a Dios por el nacimiento virginal del Hijo en la noche de Navidad.

Cristo nace en la noche, y nosotros adoramos el misterio de su presencia en la noche, centrados en la Eucaristía. Cristo se abre paso como luz en medio de las tinieblas de la noche. Por eso, nos sentimos llamados a interceder por el mundo envuelto en las tinieblas de la noche del pecado para que se abra a la luz de Cristo.

El Adviento nos recuerda, también,  que hemos de vivir preparados para la segunda venida del Señor. La Iglesia denomina el adviento como tiempo fuerte porque es tiempo de llamada a la conversión, a recuperar la gracia, a poner los medios para perseverar en ella como son los sacramentos y, especialmente, la Reconciliación y la Eucaristía, a practicar las virtudes cristianas…

Nos comprometemos a  perseverar en la oración y a intensificarla como trato de amistad.  En la oración, descubrimos el fundamento de la caridad fraterna porque el Adviento preanuncia el amor de Cristo hasta el extremo y la resonancia de su  mandato: Un precepto nuevo os doy:

que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente.

Oración:

Santa María del Adviento, Modelo de la espera de Cristo, abandonada en la Palabra de Dios. Enséñanos a vivir en tensión de Adviento preparando la venida del Señor con una vida más intensa de sacramentos, de oración y de virtu

 

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare

Fiesta de Cristo Rey

Fiesta de Cristo Rey

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.  Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo trece de Mateo; “es semejante a un grano de mostaza…. “es semejante a un tesoro escondido”; “es semejante a un mercader que busca perlas preciosas”

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

Imitemos  a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana.

Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener.

Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

FacebookTwitterLinkedInPinterestTumblrShare